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La Coctelera

soydelugoynoloniego

Sede benvidos.-

3 Julio 2010

La Historia de Roma.-

Mordido por la curiosidad suscitada durante los festejos del arde Lucus, quise descubrir -de primera mano-. si aquello tenía algo de recreación histórica, o confirmaba mis sospechas de que aquello era una no más loca fardellada.

Me puse a leer, ciertamente algo ya había leído, sobre la Historia de Roma. Ese pueblo con un hablar simpático, hospitalario  y campechano.  Para lo cual es obligado que corramos un tupido velo sobre hechos malinterpretados como el llamado "rapto de las Sabinas". Ya en las trazas se les veía.

 Para nosotros, sin embargo, es el espectáculo del circo, del paso de las legiones (no considerando cierto lo que decía Belisario en el s VI que afirmaba que el retumbe que originaba el paso de una legión, era lo más acolloante que  había en el mundo) y, en general, todo. Todo es una fiesta, y así lo certificaron las ventas de condones. Algún edil dirá que eso es lo importante; que la gente disfrute.

El caso es que me refiero a tí, que quieres saber. Pego esto recogido de la Historia de Roma de Indro Montanelli, que condensa bastante bien lo que fue el modus operandi romano. EL VERDADERO.

España se había rebelado ya varias veces contra las depredaciones de los gobernadores romanos. Mas a la sazón, a las depredaciones se habían agregado crueldades inútiles. En 98, el general Didio, a ejemplo de su predecesor Sulpicio Galba, atrajo a su campamento a una tribu entera de indígenas con la promesa de un reparto de tierras y la exterminó. Un oficial suyo. Quinto Sertorio, indignado por una barbarie tan inútil, desertó, llamó a las armas a las otras tribus, organizó con ellas un ejército y durante ocho años lo condujo de victoria en victoria contra los romanos, gobernando sabiamente la «provincia» otros tantos. Metelo, el general que el Senado mandó para combatirle, al no conseguir reducirlo, prometió algo así como doscientos millones de liras y diez mil hectáreas de tierras a quien lograse matarle. Perpenna, otro refugiado romano en el campo de Sertorio, le apuñaló. Mas, en vez de ir a cobrar el premio, prefirió hacerse cargo de la herencia del muerto y continuar la guerra por su cuenta. Entonces el Senado mandó a Pompeyo, que derrotó fácilmente al renegado, lo capturó y lo suprimió, devolviendo España a las depredaciones de los gobernadores.

Lo dicho; vivir para ver. E agora facemos festa.

 

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