Tenía razón Obelix: Están locos estos romanos.-
Los hechos lo corroboran. O hay intereses interesados en que así sea. Somos lentos pero vamos entendiendo que los hechos siempre corroboran los intereses que tienen que corroborar. Es sabido que es algo así como la última ratio regis. Por no pasarme de pedante, sino también diría aquello de allá van leyes do quieren reyes. La monarquía está presente en ambos pues es sabido que por ella nos enteramos por primera vez de lo que era poder.
Y como no pretendo otra cosa que abocetar, empiezo diciendo que sólo voy a poner un ejemplo de lo polivalente que es hablar de locura. Para que alguien sepa de qué hablo. ¿Cómo se nos vendió la pazzura que era, por supuesto, causa para inhabilitar a la soberana Juana, alcumada la Loca, hija de los Reyes Católicos y madre del Emperador Carlos I, que a la hora de rendir cuentas ante el Altísimo, no tuvo un ápice de mala conciencia por no haber ido nunca a ver a su madre?. El decir Juana, por antonomasia la Loca, fue una operación política acojonante. Significó pasar de un día para otro de ser soberanos de Castilla y Aragón a ser absorvidos por el ciclón Habsburgo, que ponían la excusa de que todo lo hacían por "la gloria" del imperio, que no se circunscribía exclusivamente a Hispania.
Rematado el prólogo, donde los libros de estilo recomiendan dejar constancia de unos conocimientos inabarcables, sigo. Mutatis mutandis a nadie sorprendería que il cavaliere innamorato diera un puñetazo encima de la mesa e impusiera su autoridad . Ese es el interés al que me refería, el meollo de la cuestión. Todo el mundo lo entendería como salvación a la creciente amenaza que supone un mundo en el que miles de locos florecen por generación espontánea. Yo le sugiero que vaya más allá que se invista la púrpura imperial. Duce !! Lo cual cualquiera puede rebatir tildándome de loco. Lo tiene fácil. Es que lo de loco vale tanto para un roto como para un descosido. El ulterior desarrolllo de los acontecimientos dictará el acierto o no nesto.
El caso es que, en menos de un mes provienen de Italia, que como saben era la patria de los romanos, dos noticias siamesas.
Una es un atentado al cavaliere que aunque nos desasosiega, es de lo más normal, ya que es immanente a su condición de seglar putanno el que no sea preceptiva ni obligatoria la escolta reservada a santos y beatos integrada por arcángeles, serafines y querubines, cuerpos de élite preparados que llevan a cabo un serviciio de guardaespaldas celestial.
Pese a eso en seguida se halló explicación en que fuera obra de un perturbado, pero atendiendo a la propiedad del lenguaje perturbado sería si en vez de tirarle una réplica de calamina del Duomo de Milám, tratara agredir al premier tirandole o inentando tirar la catedral misma de Milán. Sería loco de república.
El individuo que en los medios ya tenía una imagen lastimera repondía al nombre de Massimo Tartaglia. No es por joder, pero hace diez años un individuo con ese mismo nombre fue premiado en un concurso nacional de artes plásticas, concretamente dentro de apartado Cuadros Sonoros. De no tratarse de algo rabiosamente contemporáneo pensaríamos que eso es un despropósito. No obstante esto abre la puerta a que en el futuro, alguna eminencia desvele los vínculos del arte con la locura.
¿Cuadros Sonoros?, ¿Sinfonías pictóricas?. Pero es justo recordar que el arte y los locos siempre hicieron buenas migas. Pensemos en van Gogh, Arthur Bispo de Rosario. Cito algunos, entre otros, que viven en mi interior.
Pero es que además este tipo fuera de sí era ingeniero. Si está loco habrá que deducir alguna fórmula que ponga en relación la ingeniería y la locura. Porque relación tienen.
La segunda noticia tiene como protagonistas al Sumo Pontífice y a Susana Maiolo que presa de un incontenible deseo de tocar a Dios, lo cual es de lo más normal, con una agilidad felina superó las barreras chocando con el mismo Papa que gracias a la divina intervención salió illeso. Es una cosa a la que el mortal Bisbal tiene superado. Nembargantes la gente de bien repudia a la tal Susana. Una loca!!. Ni que se bastara la cordura para explicar lo de "tres personas en una".
Pero entre un suceso y otro hubo otro loco -o eso dijeron- que llegó a irrumpir en lea planta en que descansaba il cavaliere. La policía lo detuvo y cándidamente confesó que su deseo era saludar al premier. Simplemente.
Lo dicho: están locos estos romanos.