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Terra
La Coctelera

soydelugoynoloniego

Sede benvidos.-

6 Junio 2009

Mi voto en las elecciones europeas.-

 

                                    . Un[P1]   día  en la Academia

 

 

-Qué bello es vivir!!. Hoy toca buen rollo. Hablan en alto los estudiantes, alporizados por la primavera, mientras se introducen en el recinto.  Recinto cuasi sagrado, donde las musas andan a su aire. Con Berlusconi y sus ninfas en topless. Primavera ciertamente calurosa que obliga a que la recatada Atenea, sita en el frontón, a desabrocharse el peplo, prenda ciertamente no muy propia para esta estación, con lo cual deja verse el canalilllo, único elemento dicho hasta ahora no-clásico. Una asociación llamara la atención sobre el detalle, claramente machista de obligar a llevar esa tosca prenda, que para el que no lo sepa está hecha a base de lana. ¡Un burka prácticamente!. Pero es lo que hay. Apolo se queda con el detalle, pero debido a  su conocida tendencia sexual opuesta, le es indiferente.

 

La Academia ocupa cerca de una hectárea próxima al río. Hay unos  molinos, barcas,, pescadores, bucólicas lavanderas. Todos ellos paisajes llenos de  pintoresquismo, fabricados en  cartón piedra ad hoc. Sirven para practicar a los poetas noveles, los que no han ganado  algun público concurso, algunos juegos florales o así. Pues la Academia, que no guarda relación alguna con la de OT, es de poesía. Para muchos, esto constituye una novedad. Y si hay tabernas es para que la gente se suelte. Sé que es políticamente incorrecto, pero las tabernas son consubstanciales al hecho en otros tiempos llamado furor poético.  De hecho en el exámen de ingreso, el claustro de profesores paga unas rondas. En el exámen de ingreso es obligada una composición que verse sobre las filosóficas cogorzas. Composiciones con una marcada ritmica definida por las arcadas. Surgen así composiciones de aventura, intrépidas, vitales. Algunas salpicadas por las mascadas,             que no dejan de ser vitales Y es en este contexto donde tiene su génesis el concepto botellón. ¿Cómo llamar sino a los meetings de Verlaine y Rimbaud, siendo maestro de ceremonias Baudelaire, donde se ponían hasta arriba de opio, de hasshis, y de absenta??. Madia levaban después a escribir:

"Emborráchate lector,

De vino, de poesía o de virtud".

 

 En la Academia todos orbitamos alrededor del astro rey, que viene a ser Maese Antonio, más conocido como el Poeta de la Pampa. Tras este nombre algunos quisieron ver el patrocinio del PP. Pero el tiempo demostró que sólo eran insidias. Su cargo político se le debe a sus méritos, exclusivamente. Él los llama hechizos misticos, en clave masónica. Cuando a primera hora de la mañana paseamos por los jardines, Antonio siempre es el centro, alrededor del cual todos revoloteamos. Nos inspira su presencia, aparte que distribuye, magnánimamente eso sí, unos riquísimos cacahuetes. Y los reparte imprimiendole al brazo un movimiento  cadencioso que recuerda a Los Sembradores de Millet, obra que por cierto no sé si existe. Movimiento que quizá recuerde a la de sus ancestros, xentiña obsesionada por el trabajo. Ensayamos himnos a Helios, que es algo más que una marca de mermelada.

 

La Academia, decía, es de poetas. Bueno, ahora que el sexo llegó a las palabras o vocablos, habría que decir de poetos. Tal carácter machista viene dado por la asunción en las bases de que todos los miembros firmemente declaramos que el hacernos poetas tuvo que ver estrechamente con que todos utilizamos el concepto para sorprender a las féminas. Bueno yo aún soy novicio, o sea que no hablo con propiedad, pero repito lo que dicen los mayores. Un atributo con el que sorprenderlas en las danzas rituales de apareamiento. El vulgo lo llama ligar, pero lo que dice el vulgo es vulgar,  acientífico, falto de crédito en realidad. Hacíamos poesía para simular  una cresta o un plumaje. Cosa que a los patos atarea  unos días al año y a nosotros, como animales superiores, toda la vida. Toda,  lo deseamos. Maese Antonio, en su lenguaje florido, debido a su amplia formación jurídica, lo definía con otras palabras: éramos la Bauhauss de los poetas. Eso es un rapsoda!. Esto daba al evento un aire sublime, formal, de conjuro druídico. El hecho poético en nosotros estaba íntimamente ligado a lo útil, a lo práctico. A lo "esto me sirve para..." . Como cuando se estudia una ingeniería, bueno al menos en teoría. Él se hacía llamar, humildemente, el Walter Gropius, y sin duda para nosotros era el Maestro. Cuando esto sucedía, hablábamos en la lengua de Goëthe, de Beethoven, y también de Adolfo H. Bien; supongo que la hablaban los alumnos más aventajados por que yo desto non capisco niente. Aparte que  esto solía acontecer en la sobremesa, donde yo adormecía, casi siesteaba.  Melancólicamente eso sí. Matenía Maese Antonio una especial querencia por el orden monacal, como ya vimos al detallar mi condicción. Así, el semanal leía en la sobremesa algo que nos evocara a los pastores de la Arcadia. Bueno,  ahora si mi melancolía estaba inducida por la mítica  Arcadia o por  las ostras de Arcade, que tenían una digestión pesadísima, no lo recuerdo. No obstante es un apunte banal, intrascendente. El caso es que yo estaba ,melancólico, enfermedad que origina  la conocida  bilis negra.

 

Antonio, aparte de una sólida formación jurídica también tiene una enérgica  práctica procesal. Es decir que te convence de una cosa, y su contraria. Yo no he dicho marrullero. Su carrera de advocato se truncó cuando insistió, haciendo caso omiso de la opinión de su novia Cristina, en reabrir el sumario del accidente de Gardel. Hasta el ilustre industrial señor Etcheverri Etchegoyen trató de ayudar a aquel hombre que el impío azar había o un funesto naufragio que había iuntado su destino  al propio destino de su hijita, estudiada en los mejores colegios de bonaerenses para acabar con éste. Lo cual no es peyorativo; era una manera de hablar de aquel Don Juan de Ribeira -obra inédita de Tirso-  que no  había podido reprimir que en la exposición del caso brotara la defensa a ultranza de la poesía. Todo el Colegio estuvo de acuerdo en retirarle la licencia. Es cierto que un abogado puede y debe defender a cualquier criminal, pero defender a la poesía es pasarse. Algo de orden, señores, el mundo y sus instituciones no pueden perecer bajo un rapto de  anarquía, de despelote. Pese a la defensa del señor Etcheverri, con todo, los conservadores no tuvieron piedad. Alguién llegó a pedir la inmolación, y al punto la plebe preparaba hogueras. Al interfecto  sólo le dio tiempo a decir "por una cabeza". Los exégetas no se ponen de acuero sobre de quien era la cabeza: del interesado, de un potro, de la propia iustitia....pues es sabida la liberal interpreretación del tango. Este detalle cuento para explicar que Antiono antes de poeta fue abogado. Cosa en sí bastante rara, si exceptuamos la intervención del impío desastre.

 

Un día, a media tarde a Maese Antonio le dio por reflexionar sobre el impresionismo y el gusto por el naturalismo. Recalcó la importancia de los improvisados apuntes al natural y pensó que nos sería de provecho tomar apuntes con la presencia de una modelo, la cual oiría nuestros hexámetros o endecasílabos, -dependiendo del nivel de cada uno, como un reality- y el que más le tocara la fibra sensible sería obsequiado por una corona de laurel, hecho que merecía el  título que recibía el nombre de El Virgilio Semanal. En la lista estaban figuras señeras, de la que no puedo obviar a Xaime Barón von Herbón Xan da Tolda quien en un happpening transgresor, medio en trance dijo:

"A mi no me gusta leer por internet. Soy alérgico y ahora que no toco papuxa, me pone pasar las páginas de los libros". N del Traductor, papuxa es el sexo femenino. Tal observación mereció el calificativo de sublime omniscencia. Todo allí era orden. ¿Quién otorgó el calificativo?. El comité de sabios,  entre los cuales se hallaba el más genuíno representante de la Poesía Salvaje - fauve, a su vez terrateniente y señor de los cotos de Castroverrde y el Cádavo, Quico Legañas, que se hacía alcumar "al que todo se la suda" para que nadie lo confundiera con el juglar Pedro Madruga.

 

El caso que el maestro puso un cesto en medio del patio bajo los huevos  de la estatua de Plutón para ver si con nuestros donativos, deseábamos a la modelo. Nuestros donativos habían de mostrar en clave de praxis lo que daríamos por embarcarnos en tan fantástica aventura. Como poetas prácticos teníamos que demostrar, empíricamente, el alcance de nuestros deseos. Silvina se llamaba la -supuesta- ninfa, y su presencia costaba una pasta. Era una pava de la que nos confundió el extraño conchabeo que se traía con el Maestro. Todo eran confidencias, sherzzos. Parecía que se conocieran. Ante esta suspicacia Antonio pidió una Constitución y una Biblia y juró, según los  cánones de la regla de san Bieito que no tenía alguna relación con la pava. Con tal majestuosidad que todos le creímos. El caso es que al despertar esa y otra susceptibilidades estoy a punto de ser expulsado de la famosa Academia, en en cuya descripción me regocijaba.

 

 Maese Antonio me llamó a capítulo. Con voz pausada y aterciopelada inició su discurso:

-Yo sé que tú tienes buen fondo, en el cual guardas la nobleza- al empezar así me recordó tantos sucesos vitales que siempre terminaban con el consabido: te quiero mucho como amigo, pero...-. El asunto es que monitorizando tus ejercicios, me entran serias dudas de tu compromiso poético. Para ser más claro: me parece que vas de palo. A bote pronto: dime un poeta y unos versos suyos. Instintivamente contesté: Charles Bukowsky, "y la promesa que fui / mengua, mengua". Negó ostensiblemente con la cabeza y dijo: no, no, y no. Bukowsky era un bronco borrachuzas, sólo eso y never more.  No te puedo seguir teniendo como mi pupilo: la poesía es otra cosa. Se acercó a la balaustrada períptera que rodeaba una piscina y le tocó el culo a su insigne musa favorita. Todas  eran discriminadas positivamente, todas estaban para posar. Sin mirarme dijo "vete". Una oscura nube encapotó el cielo, que fue rasgado por muchos rayos.

 

Pero yo, apelando a lo apolíneo frente a aquello dionisíaco razoné si aquello guardaría

alguna relación con el detalle que yo sólo había puesto cinco exiguos euros para pedir la

 presencia  de Silvina que aparte de ser bajita, no destacaba en nada y tenía una mirada

turbia, como una centella rasgando el cielo. Todo vulgaridad. A mí aquello no me

inspiraba. Era una mujer de tierra, nada etérea, sin cosa. 

 

 


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